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  • La justicia divina y la vida tras la muerte

    La Asociación de Cristianos Universalistas realiza la siguiente declaración de fe:

    Creemos en ley de justicia en la que las acciones generan unas consecuencias que se manifestarán en esta vida o en la venidera.

    Esta es la creencia fundamental de todas las tradiciones espirituales. En las religiones y filosofías orientales se le llama “karma”. En las escrituras hebreas, Dios promete que todos los que sigan sus mandamientos serán bendecidos y que el juicio vendrá a aquellos que hagan el mal (Dt. 30:15-20, Sal. 1:1-6, Pr. 3:33). Las acciones pecaminosas se pagarán en proporción directa con la violación de la ley moral (Ex. 21:23-25, Lv. 24:17-20). En los Evangelios, Jesús también nos ofrece una ilustración similar de la proporcionalidad y el equilibrio de la justicia divina, advirtiendo a aquéllos que tomarán espada que a espada morirían (Mt. 26:52). Por otro lado, Jesús también prometió que aquellos que dedicaran sus vidas a seguir la llamada de Dios serían grandemente recompensados (Mt. 19:29).

    Está claro que la gente no siempre tiene lo que se merece—tanto lo bueno como lo malo—en esta vida. Por lo tanto, la tradiciones espirituales nos enseñan que la vida del ser humano continúa de alguna manera tras la muerte y que en al vida venidera habrá justicia. Si una persona no ha recibido todavía le recompensa o el castigo por sus acciones en esta vida, seguramente que las recibirá en la próxima (Gá. 6:7-8, Ap. 20:12). Las leyes de la justicia necesitan que haya unas consecuencias morales por las acciones cometidas (1 Co. 15:19,32). La vida venidera puede ser, de forma comparativa, “celestial” o “infernal” para una determinada persona dependiendo en cómo ha vivido su vida en la tierra (Mt. 18:34-35, Lc. 6:37).

    En la Biblia no se ofrecen muchos detalles sobre la vida venidera, así que ésta permanece abierta a la interpretación personal y a la especulación. Pero la Biblia sí promete en muchos pasajes que la recompensa y el castigo son reales y que deben tomarse con seriedad. Algunas personas creen que el cielo y el infierno son lugares separados que existen en la dimensión espiritual de la realidad. Otros creen que son condiciones del ser que pueden ocurrir en cualquier lugar, incuso aquí en la tierra. Jesús hizo la sorprendente afirmación de que “el Reino de Dios está en ti” (Lc. 17:21). Puede ser que cualquiera que sea el lugar al que vaya el alma en el inmenso y multidimensional universo de Dios, en este cuerpo o fuera de este cuerpo, nuestras acciones pasadas y presentes juegan un papel importante en la generación de la realidad que uno experimenta, tanto si es positiva como negativa.

    Otra cosa que la Biblia deja clara es que el propósito del “infierno” o sufrimiento no tiene nada que ver con la tortura, sino que les causa a que aprendan de sus errores y a crecer hacia la perfección. El juicio divino es reformador no vengador. La palabra que se usa en la lengua original griega del Nuevo Testamento original es “kolasis”, que significa un correctivo beneficioso tal como el caso de un jardinero que poda una parra de sus ramas secas para hacerla que crezca mejor y dé más frutos.

    La proporcionalidad también nos asegura que cualquier juicio emitido por Dios con respecto a un alma debe ser temporal y limitado, toda vez que el pecado que originó esos juicios fue también limitado. Esto es una enseñanza básica de la Biblia sobre la justicia divina y tiene sentido común. El término que se usa en el Nuevo Testamento expresa este limitado juicio, “aionios”, que significa que dura por una era, durante un periodo de tiempo, con un comienzo y un final. La palabra castellana que deriva de este término griego es “ión”, y que se usaba en tiempos de Jesús para referirse a un período que duraba desde el periodo de tiempo de una vida humana hasta un período de mil años. No hay tal cosa como el infierno “eterno”, a pesar de lo que se ha hecho crecer a muchos cristianos en base a una sesgada traducción de la Biblia.